Malena

Guía

Soy de Argentina y crecí entre la provincia de Buenos Aires y la capital. Más adelante me trasladé al sur, a El Calafate, en la Patagonia, donde viví varias temporadas y encontré una especie de refugio en medio de esos paisajes abiertos. Años después llegué a Donostia y decidí quedarme. Llevo más de siete años aquí, en un lugar donde distintas partes de mí encajan de forma bastante natural.

Siempre me he sentido más en casa en entornos naturales, en la montaña, junto a lagos o cerca del mar. Es ahí donde me muevo, pienso y me reconecto. Correr por la montaña es uno de esos momentos, una forma de observar y de estar presente. Al mismo tiempo, tengo un lado inquieto y curioso que necesita ciudad, cultura y estímulo creativo. Me gusta ese equilibrio, y en Donostia encontré esa mezcla. Aquí la conexión con la naturaleza convive con una vida cultural intensa y con una manera de entender la gastronomía que cambió mi forma de verla. Producto sencillo y de temporada, tratado con respeto, donde lo ancestral sigue vivo en los gestos cotidianos.

Me gusta viajar con la excusa de visitar a amigas y amigos por el mundo. Eso me permite conocer los lugares a través de quienes los habitan, de una forma más real. A veces eso significa acampar o recorrer regiones en bici, otras veces caminar ciudades y descubrirlas poco a poco a través de su gastronomía, su urbanismo y su gente.

Mi curiosidad se expresa en muchos pequeños hábitos. Estudio literatura, escribo, bordo, participo en carreras de trail, paso tiempo en la montaña o busco lugares tranquilos para sentarme a contemplar el mar. También disfruto de rituales sencillos, como leer el periódico en papel un domingo al sol o salir a caminar sin rumbo por la ciudad. Hoy vivo entre Euskal Herria y la Patagonia, que para mí es el equilibrio perfecto.

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